Los que me conocéis sabéis la mala mano que tengo con las plantas. En algo más de cuatro años me he cargado unas veinte y no exagero, me da igual que sean de interior o de exterior, con flores o sin flores, más grandes o más pequeñas…; el caso es que a los pocos meses de entrar por la puerta bonitas, frescas, irradiando felicidad y salud, acaban saliendo secas o podridas... Hoy por hoy, me queda un Tronquito de Bambú (regalo de mi amiga Martita) y Mari Pili (una Dieffenbachia Maroba) en el salón; el tronco ni churrea ni murrea, pero de Mari Pili puedo decir que es toda una sufridora, una superviviente, pasa días sin luz y otros tostándose al sol de la tarde, semanas sin agua y hablarle la verdad es que no le hablo mucho, alguna mañana al levantar la persiana le digo “buenos días Mari Pili me voy a trabajar, a la noche nos vemos”, pero poco más…
Mi problema con la jardinería viene de madre, pero lo malo es que mi hermano es un artista y tiene unas plantas preciosas; por eso se resiste a que su querida niña sea tan desastre y me regala y me regala y me regala y me regala… plantas y todas acaban… Exacto!!!, en la basura!!!!.
Este verano pensé en comprar un pino nuevo para la terraza (el que tenía murió por falta de riego), pero me negué (para qué narices me voy a gastar 100€ en un pino si se va a morir??, para eso me compro un bolso o unos zapatos…) y al final coloqué unas piedras con palitos pintados de plata (algo mucho más económico, moderno y que no necesita cuidados).
Os seguiré informado sobre el estado de salud de Pepe…








