
Dentro de unas horas miles de niños invadirán las calles tirando del carro de su mochila, veremos a otros con los ojos rojos de tanto llorar (cosa que me pasaba a mí en parvulitos, cuando le gritaba desconsolada a mi madre: “¡¡¡¡Qué le cambien la cara, qué es muy fea, qué le cambien la cara!!!!” refiriéndome a Rosalía, mi profesora), la mayoría estarán sonrientes al reencontrarse con los amigos, algunos con miedo al enfrentarse a un nuevo colegio; pero todos ellos tendrán algo en común, el gusanillo de su estómago que sube y baja, que sube y baja…

La verdad es que siento algo de melancolía, me gustaría volver por un momento a los siete años, con mi coleta, mi vestidito rosa y mi mochila, al patio de Maristas, ese que me ha visto crecer, desde donde podía observar a mis abuelos asomados en la terraza de su casa saludándome con la mano…
Estos chicos afrontarán lo que hemos afrontado todos, buenos y malos momentos, exámenes, trabajos, suspensos, amores, desamores, caídas tontas, golpes en gimnasia…, pero lo mejor de todo es lo que se van a llevar en la mochila el próximo mes de Junio, miles y miles de buenos e imborrables momentos.
2 comentarios:
yo adelantaba el reloj por la noche pa que me sonara antes y levantarme la primera. Evidentemente no servía de nada que sonara a las 5 porque mi madre venía, y a dormir otra vez.
Muas!
Leydelmal, mis vecinitos (Javier y Sofía) han madrugado como posesos, para las 7 les he oído zascandilear...; eso sí yo me he dado media vuelta y hasta las 8:15 en la camita que no tengo primer día de clase. MUAK
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